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Brasil 2026 · Religión y política · Opinión y análisis

Brasil: cuando la fe se convierte en maquinaria de poder

El avance bolsonarista, las alianzas religiosas y la bandera de Israel revelan una disputa que va mucho más allá de las urnas.

Javier Barbosa·· 7 min de lectura—visualizaciones
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Collage editorial del Congreso brasileño, la bandera de Brasil, un púlpito y la bandera de Israel
Ilustración editorial creada con IA para Mirada Pública. Composición simbólica; no es una fotografía de la campaña.
Electores durante la primera vuelta de las elecciones brasileñas en Brasília, el 4 de octubre de 2026
Electores votan en Brasília durante la primera vuelta, el 4 de octubre de 2026. Foto: Joédson Alves/Agência Brasil. Ver fotografía y crédito originales.

Una mujer envuelta en la bandera de Israel acompañaba a Flávio Bolsonaro cuando habló ante sus seguidores después de la primera vuelta presidencial brasileña. La escena, descrita por Associated Press, condensa una pregunta que merece más que una reacción en redes: ¿cómo se articulan el nacionalismo de derecha, determinadas iglesias cristianas y el respaldo político a Israel? [1]

Antes de responder, hay que establecer qué ocurrió. Brasil todavía no ha elegido presidente. El Tribunal Superior Electoral informó que Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03 % de los votos válidos y Luiz Inácio Lula da Silva el 45,16 %. Ambos disputarán la segunda vuelta el 25 de octubre. La derecha ganó la primera posición; la Presidencia sigue en disputa. Confundir ambos hechos sería comenzar un análisis crítico con una falsedad. [2]

El resultado muestra, sin embargo, que el bolsonarismo conserva capacidad de movilización. La derrota de Jair Bolsonaro en 2022 no desmanteló el movimiento que construyó. Su hijo llega ahora a la segunda vuelta con ventaja, en una región donde la derecha ha recuperado espacios. Chile ofrece un ejemplo reciente: José Antonio Kast asumió la Presidencia en marzo de 2026, después del gobierno de Gabriel Boric. Hay un desplazamiento conservador en parte de América Latina, aunque no una historia idéntica en cada país. [3]

Ese avance exige una explicación más seria que atribuirlo a la ignorancia del electorado. Quien teme salir a la calle o siente que sus ingresos no alcanzan puede encontrar atractiva una promesa de orden. La derecha convierte esas preocupaciones en mensajes simples. Mi crítica comienza donde esa promesa presenta los derechos como obstáculos y la fuerza como sustituto de una política pública que debe rendir cuentas. La seguridad es una obligación del Estado; no debería convertirse en un cheque en blanco para el autoritarismo.

La izquierda tampoco puede eximirse de responsabilidad. Invocar la justicia social no alcanza si una familia sigue sin respuestas frente al delito, las deudas o el costo de vivir. Un proyecto progresista que deja de escuchar esas preocupaciones facilita que sus adversarios ocupen el terreno. Esa es una lectura política del resultado, no una afirmación de que todos los votantes hayan tenido la misma motivación.

Del púlpito a la disputa electoral

La dimensión religiosa tiene un peso que sería absurdo minimizar. Según los resultados del censo de 2022, los evangélicos representaban el 26,9 % de la población brasileña de diez años o más, mientras los católicos constituían el 56,7 %. Es un mapa religioso amplio y diverso; no un registro de preferencias electorales. [4]

El apoyo de sectores evangélicos al bolsonarismo sí está documentado. Reuters informó en 2022 sobre el respaldo de ese electorado a Jair Bolsonaro y sobre los esfuerzos de Lula para disputarlo. La relación entre fe y voto, por tanto, no comenzó esta semana ni pertenece exclusivamente a una campaña. [5]

El problema democrático aparece cuando la autoridad espiritual se utiliza para presentar una candidatura como mandato divino. Si el adversario deja de ser alguien con propuestas discutibles y pasa a representar el mal, la deliberación pierde espacio. Un dirigente puede terminar protegido por su identidad religiosa, incluso cuando sus decisiones merecen escrutinio.

Las personas creyentes tienen pleno derecho a participar en política. También deben conservar la libertad de disentir de sus pastores. Ninguna iglesia debería reclamar la propiedad del voto de sus miembros, y ningún candidato debería utilizar a Dios como una credencial que lo exonere de explicar cómo gobernará.

Ilustración conceptual sobre religión, Estado y poder político
Ilustración editorial de Mirada Pública sobre fe y Estado; no representa una escena de la elección.

La bandera de Israel y el sionismo cristiano

Aquí conviene nombrar bien las cosas. La bandera que aparece en esos actos es la del Estado de Israel. Llamarla simplemente «bandera judía» confunde una identidad religiosa y cultural diversa con un Estado y sus alianzas políticas.

Su presencia en el bolsonarismo tiene antecedentes. En 2020, representantes judíos brasileños criticaron el uso de banderas israelíes en manifestaciones favorables a Bolsonaro que cuestionaban instituciones democráticas. Esa reacción demuestra precisamente que la comunidad judía no constituye un bloque bolsonarista. [6]

Una parte de la explicación está en el sionismo cristiano: corrientes que atribuyen a Israel un significado religioso y promueven su respaldo político. Investigaciones publicadas en Ciencias Sociales y Religión y Religion, State and Society analizan cómo esas creencias se relacionan en Brasil con liderazgos evangélicos, redes transnacionales y decisiones diplomáticas. El fenómeno combina convicciones religiosas e intereses políticos; reducirlo a una devoción privada sería insuficiente. [7][8]

La bandera funciona, en determinados ambientes, como una señal de pertenencia a esa alianza. Pero una fotografía no demuestra financiación extranjera ni permite afirmar que Israel dirige una elección. Para sostener esas acusaciones harían falta pruebas distintas. Lo documentado ya merece examen: la aproximación entre proyectos conservadores, autoridades religiosas y el respaldo al Estado israelí.

La crítica debe dirigirse a esas alianzas y a sus consecuencias. Los gobiernos de Israel pueden ser cuestionados por sus políticas, como cualquier otro gobierno. Los judíos, en cuanto pueblo o comunidad religiosa, no son responsables colectivos de esas decisiones. Mantener esa distinción fortalece el argumento y evita que una denuncia política reproduzca prejuicios.

Un ciudadano debe poder cuestionar a su presidente y contradecir a su pastor sin convertirse en enemigo de la patria o de Dios.

Lo que Brasil pone en juego

Brasil obliga a mirar más allá del porcentaje de votos. La disputa también trata de quién define la nación, quién puede disentir y qué derechos sobreviven cuando una mayoría pretende imponer su moral al conjunto de la sociedad.

La derecha tiene derecho a competir y ganar elecciones. Ese derecho no convierte sus propuestas en inmunes a la crítica, ni permite que un triunfo electoral justifique debilitar los controles al poder. La misma exigencia debe aplicarse a la izquierda.

El 25 de octubre los brasileños elegirán entre dos candidatos. Para quienes defendemos una democracia plural, la tarea no termina en preferir a uno: exige preguntar cómo responderá a las necesidades materiales sin sacrificar libertades. Un ciudadano debe poder reclamar seguridad, cuestionar a su presidente y contradecir a su pastor sin que nadie lo convierta en enemigo de la patria o de Dios.

Fuentes consultadas

Las referencias del texto enlazan con esta lista. Los hechos se distinguen de la interpretación y la opinión del autor.

  1. Associated Press: cobertura de la primera vuelta, 4 de octubre de 2026.
  2. Tribunal Superior Electoral: Flávio Bolsonaro y Lula disputarán la segunda vuelta, 5 de octubre de 2026. Porcentajes según el comunicado consultado; no se reproducen cifras absolutas sujetas a actualizaciones de totalización.
  3. Reuters: José Antonio Kast asume la Presidencia de Chile, 11 de marzo de 2026.
  4. Agência Gov: resultados religiosos del censo de 2022, divulgados en junio de 2025. Los porcentajes corresponden a población de diez años o más.
  5. Reuters: apoyo evangélico a Bolsonaro, 27 de octubre de 2022.
  6. The Times of Israel: críticas de representantes judíos brasileños al uso de banderas israelíes, 5 de mayo de 2020.
  7. Ciencias Sociales y Religión: El sionismo cristiano en Brasil en el siglo XXI y los intereses involucrados.
  8. Religion, State and Society: The recent rise of Christian Zionism in Brazil: church life and politics, 2025.

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